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Carta a Pere Navarro

De el foro de Safety-Card, reproduzco esta carta a Pere Navarro, Director general de tráfico:

Sr. D. Pere Navarro.

Director General de Tráfico.

Sr. Navarro,

Ya estoy cansado de su desfachatez.

En esta sociedad de castas, en la que unos (nosotros) somos los parias que con su trabajo (quien tiene la suerte de tenerlo) los mantienen a cuerpo de rey, y otros (ustedes) los que tiran de visa en sus comilonas; tienen pensiones vitalicias y, como hay que sobrellevar el peso de la púrpura, se pasan los límites de velocidad por el forro; son cazados cada día borrachos al volante; se lucran con sobresueldos y primas (usted, por ejemplo, lleva quince millones de pesetas, perdóneme, lo del euro aún se me atraganta, en una empresa pública de gestión de aguas, que ya me contará qué tiene que ver con la seguridad vial), ¿son ustedes de quienes tenemos que tomar ejemplo? Mal vamos, y peor terminaremos, porque esto no tiene remedio.

Lo suyo me toca muy de cerca, porque prácticamente vivo en el coche y duermo en pensiones de mala muerte, frías y con cucarachas, ya que el precio del combustible no me deja vivir mejor. Deje de jodernos, deje de apretarnos ¿Por qué tenemos que creerle, por qué tenemos que seguirle como si nos salvase la vida cada vez que cogemos el coche? Y aun me viene con “sueños de siniestralidad cero”, cuando casi la mitad de los accidentes son por distracciones, lo veo a diario, y no hay multa ni cárcel que acabe con eso; a lo mejor usted no se mató en coche porque cuando tuvo tal visión, esa ensoñación a lo Martin Luther King, esa ocurrencia de felpa revenida para dar un titular de prensa, dormitaba plácidamente en el asiento trasero de su Audi mientras su chófer reventaba cada radar por el que pasaba.

A usted, cuando lo pillaron en la televisión pasándose los límites de velocidad por la parte de su anatomía con la que calienta la poltrona, dijo que lo sentía. Pidió perdón. Yo no puedo, nadie puede, pero usted, ustedes, sí pueden. A ustedes todo les sale gratis, y, sobre todo, mentir y engañar. Y la prensa a seguir el juego, a reproducir y amplificar tanta mentira y tanto engaño, porque sabe que publicarán todas las memeces que salgan de su boca, porque el organismo que dirige se va a dejar en publicidad este año 2.500 millones de pesetas, casi todo el presupuesto del Ministerio del Interior, que en esto se ve lo importante que es para ustedes, los que gobiernan, los de Rubalcaba (ese de los gobiernos que mienten) la propaganda en seguridad vial.

Cero muertos en carretera, ¿pero de qué guindo se ha caído usted, señor Navarro? Cero muertos, y para eso, cómo no, tiene que poner más radares, seguir sacándonos el dinero del bolsillo, que la DGT es ya un órgano con tanta capacidad ejecutiva como la Seguridad Social, o Hacienda (¿no es eso lo que les dijo a los diputados cuando la nueva ley de recaudación vial?), y ya no le importa confesarlo, “me siento muy cómodo con los radares en las largas rectas de las autopistas”, justo en los sitios donde conducimos más seguros, donde tenemos visibilidad casi ilimitada, trazados limpios y asfalto en buen estado… Qué lástima que usted se subiese tan joven al coche oficial y aún no se haya bajado, porque si hubiera visto lo que yo en 30 años al volante no diría las tonterías que tanto le gusta decir.

Como esa otra de lo bonito que es ver ciervos cruzando las carreteras; en Soria, creo que fue, y no lo tiraron al mar porque les pillaba lejos. A usted la parecerá bonito, señor Navarro, yo vi salirse de la carretera un autobús escolar tras colisionar con una vaca en una carretera de Galicia, en la provincia de Lugo. Ahora me dirá que también le gustan mucho las vacas cruzando la calzada, qué buena la leche gallega y el queso de tetilla, y claro, Galicia también, qué bonita, sí, con sus brumas, sus lluvias, sus derrapes y sus salidas de vía… qué bonito circular por esas docenas de puntos negros, en Galicia, sí, pero también en Soria, en Zamora, en Cáceres, en Jaén, en Teruel… en toda la **** España que están ustedes arruinando. Eso sí, las autopistas y autovías llenas de radares, mientras casi tocamos a un punto negro por cada diez mil conductores, y se lo digo por lo dado que es usted a los números. Los mismos números que utilizó hace poco para decir que un radar en una carretera secundaria “no es rentable”, si, con esos números de rentabilidad va usted a acabar con los muertos en la carretera.

Yo de números no sé, apenas lo justo para advertir que, desde que usted manda en Tráfico, busco casi tanto los radares en la carretera como los embargos en mi cuenta corriente por multas que ni sé que tengo, y busco casi tanto también a la pareja de la Guardia Civil que me eche una mano antes al gato cuando pincho que a la cartera por llevar un piloto fundido (son 50.000 kilómetros al año, Pere, y esto pasa). Me gustaría volver a la Guardia Civil de antes, la que ayudaba, y ellos mismos ponen cara de póker mientras me dicen que me tienen que denunciar por reventar una rueda, sí, me sucedió hace un mes, un enorme bache y reventón. Contento de corazón cuando los vi llegar, me helaron el corazón cuando pusieron cara de circunstancias, “qué le vamos a hacer”, me dijeron… receta al canto, por conducción desatendida, por caerme de bruces en el bache que ustedes, los elegidos, tenían que haber arreglado hace años.

O como en el pueblo de mi mujer, donde tienen una carretera nacional hecha con el culo, con una curva imposible en la que todos los días se sale alguien. Así va a terminar usted, señor Navarro, con los muertos en la carretera. Eso sí, en esos siniestros, para ustedes, los de la DGT, la causa del accidente no es el trazado de la carretera, es la velocidad inadecuada. Si, velocidad inadecuada. Y de la suma de todas esas velocidades inadecuadas inventadas crea usted un dato estadístico falso, falaz, infame que dice que la mayoría de los accidentes se producen por “la velocidad”. Y volvemos al mantra de los radares, y volvemos a la cantinela de que necesita que los medios le compren el mensaje para dejar España con más radares que en toda Europa junta.

Señor Navarro, me tiene usted muy harto. Y, pese a ello, no me alegré cuando, para una vez que se baja del coche oficial y se sube a la motillo, se la pegó una fría mañana de invierno; la causa, se dijo, fue una placa de hielo. Para cualquier mensajero que pisase esa supuesta placa de hielo, esa misma mañana, la causa habría sido… sí, velocidad inadecuada, y al presupuesto para reflex y lucro cesante por incapacidad habría tenido que sumar la multa por haberse caído. Pero usted no, usted, que pertenece a la casta y no piensa renunciar jamás a ella no. Usted se cayó por una placa de hielo.

Cero muertos en 2020. No dejo de darle vueltas y me sonrío con rabia cuando paso por Despeñaperros, por una carretera que ustedes llaman “autovía”, o cuando viajo de noche y veo las discotecas a reventar de coches, o cuando los locos siguen haciendo sus locuras, cuando cada vez se aprende peor a conducir… Despierte de su sueño y quédese con su propaganda. Y métasela por donde le quepa. No me cuente usted mi vida.

 

 


Anagráma Ateo Y el hombre hizo a dios a su imagen y semejanza

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